22 nov. 2010

Panfleto 25 noviembre


¿Qué es la violencia?
¿Con qué frecuencia la experimentamos cada día?

Ejercicio de poder sobre una persona o colectivo en virtud de su SUPUESTA vulnerabilidad e inferioridad. Violación de espacio material e inmaterial, corporal, espiritual, visual, acústico... autorizada, legitimada y apoyada por el sistema.

Parece ser que para sentirse un hombre “de verdad”, en nuestra sociedad, es aconsejable hacer uso de la violencia: física, verbal, acústica, psicológica, simbólica, sexual, política, económica, institucional y estructural. No hay nada más reafirmante para la identidad masculina que gritar desde lejos un piropo a una mujer guapa y desconocida (¡qué invasión!).

La diferencia entre hombres y mujeres,
masculinidades y feminidades, heterosexualidades y otrasexualidades,
así como la produce y transmite nuestra cultura, refuerzan la reproducción de normas de género generadoras de opresión.

El poder está mal repartido, mal definido y, por supuesto, mal utilizado.
La vida es mas fácil siendo hombre, adulto, blanco, con buena presencia, de clase media, sin discapacidades, fiel a la heterosexualidad, al capitalismo, al cristianismo, a la propiedad privada, al sedentarismo y al estado nación.

De ahí, la violencia de genero es una expresión más de las protección armada de la territorialidad, la lógica del beneficio y del protagonismo, la competitividad y la división sexual del trabajo sobre las que se basa el actual sistema capitalista y católico. La violencia machista es consustancial a la explotación y a la guerra, en la que la discriminación, las violaciones y agresiones a las mujeres son un medio más de obtener beneficios y una arma más en los conflictos armados, una estrategia militar y de Estado.

El gobierno, por su parte, propone la Ley de Violencia de Género basada en la victimización de las mujeres y en la lógica punitiva en lugar de atacar de raíz las causas de la violencia: la subordinación económica, la doble jornada, los recortes al derecho a la libre disposición del cuerpo, las múltiples discriminaciones político-sociales y culturales. Por otro lado y a pesar de su discurso “pseudofeminista”, el gobierno y el Estado incumplen la función de garantizar asistencia a quien lo necesite: tras regalar dinero a los bancos, recortan el gasto público y sitúan de nuevo las tareas de cuidado sobre las espaldas de las mujeres tanto autóctonas como inmigrantes, con su trabajo invisible, gratuito o infra-remunerado. Se han atrevido a privatizar hasta los servicios de protección de las víctimas de violencia.
Además el aumento del paro, la precariedad, las políticas hostiles a la población tanto autóctona como inmigrante contribuyen a mantener a miles de mujeres en una situación de dependencia y marginación social y económica, y resultan a menudo en una incapacidad de abandonar situaciones abusivas y en la feminización de la pobreza.


La lucha contra la violencia de género no es un debate feminista, es una cuestión de derechos humanos.
Estamos lejos de lo que sería una política feminista.
Estamos preparando el terreno, con suerte brotará algo.
Cuando las instituciones, la escuela, los medios de comunicación, la iglesia, la familia, dejen de reproducir patrones de comportamiento sexista que generan opresión y violencia, entonces podrá formularse una política que respete los cuerpos y los deseos de cada persona, sin necesidad de violencia ni de obediencia.


¿Qué es el amor?
¿Qué formas tenemos para sentirlo y expresarlo?
Las ideas patriarcales de pareja, familia, amor romántico estilo 'heterosexual', con su tensión entre placer y sufrimiento, enfrentamiento y reconciliación, su territorialidad, su división de roles y funciones, sus CELOS y su afán de eternidad, producen situaciones conflictivas que desgraciadamente degeneran en violencia.
Para acabar de raíz con la violencia de genero hay que preguntarse si el amor es de verdad lo que tratan de vendernos, o bien, si existen otras formas basadas en el respeto, la confianza, la igualdad,
la libertad y la renuncia al sacrificio

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